jueves, 10 de abril de 2008

Comienzos

Nunca he sido mucho de hablar de mí mismo. Quizá por eso me gusta la fotografía, donde puedes jugar a contar cómo es el mundo, en esa improvisación perpetua que impide dos fotos iguales con la misma eficacia con la que el tiempo no permite dos instantes iguales. O quizá no tenga nada que ver. Puede que sea por eso de hablar del “Yo”. Esa especia de línea que une todos los recuerdos que tenemos, incluso aquellos de cuando aún ni nos parecíamos a quienes somos hoy. Pero el caso es que está ahí, esa maldita y mágica línea que juega con los límites de nuestro entendimiento derribando obstinadamente cada teoría, cada idea, cada intento de explicarla. Ese “Yo” del que algunos (y especialmente algunas) que conozco se pueden pasar horas hablando en una incesable espiral de egocentrismo. Ese “Yo” que muchos creen que sobrevive a la muerte, y por cuya salvación rezan, con más fe que juicio, delante de un pedazo de madera tallado y colocado en una cruz para la ocasión.
Y yo, iniciando este blog, para contaros lo que pase en la línea de mi vida mientras esté en Berlin. ¿Y por qué coño tienes que contarnos tú nada?, os preguntaréis. No tengo ni idea. Pero el caso es que me voy un año fuera, de Erasmus, y como, por lo que sé, ningún periódico lo ha reseñado en sus titulares, ni ha salido un canal de televisión temático para contaros mi vida, se me ocurrió empezar esto.

Por el momento, me han concedido la beca a Berlin y todo apunta a que a estas alturas, el año que viene si me quedo dormido, no iré a las clases de profesores con nombres como “Klaus” o “Ludwig” y no los sosos “Antonio” o “Jaime” de aquí.

Para ser la primera vez, suficiente por hoy.

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